El desafío de los 30 días – día 2

Reto 30 dias

Pregunta 2: Imagina un pueblo al que vamos a llamar… Homlet. No, Homlet sería demasiado obvio. Vamos a llamarle Highdell. Highdell es un pueblo que llega casi a la categoría de ciudad, si no fuera por que todos sus habitantes siguen llamándole “el pueblo de Highdell”. Esta rodeado de montañas, sin encontrarse en un sitio escarpado. Esta cerca del mar, sin tener puerto. Y lo atraviesa un camino comercial, sin ser una ciudad destino. En ese pueblo-ciudad, en el que de vez en cuando descansan grupos de aventureros, existen numerosos locales que les resultan interesantes, tanto a los habitantes como a los propios aventureros, aunque estos vayan de paso. ¿Qué local/edificio es el que está pasando por tu mente?

La herboristería de Hemjel. Se trata de un local pequeño, medianamente alejado del centro del pueblo, donde el bullicio del distrito central ni termina ni comienza. Curiosamente, la calle en la que se encuentra la herboristería se encuentra en una especie de limbo en el que el ruido de los carros, las conversaciones de la gente y las pisadas sobre la tierra no molestan a nadie porque apenas son perceptibles. El ruido de los pájaros, de las hojas de los árboles y de una pequeña fuente, tan vieja que perdió el caño ya hace tiempo, dominan el lugar dotándole de una paz como no se puede encontrar en otras partes del pueblo.

El local en cuestión se encuentra haciendo esquina entre un viejo pero bastante bien conservado edificio de viviendas de tres plantas y un tétrico callejón. Al otro lado del callejón y continuando la calle hay un antiguo almacén, ahora en desuso, cuya descolorida fachada vió tiempos mejores. Un estropeado cartel de madera cuelga de dos cadenas mecido por el viento con la inscripción Herb rist  ía d  Hemjel, y debajo, Hierb  ,  ociones y tod   lo d emás, haciéndolos pensar a que puede referirse con “todo lo demás”.

La herboristería posee más de una planta, aunque la ausencia de ventanas en los pisos superiores hace que sea difícil concretar el número de alturas que la componen. Como en muchas de las construcciones típicas de Highdell, las plantas altas tiene una planta de un tamaño superior al de la planta baja, dándole un aspecto extraño de que su fachada fue construida siguiendo una irregular diagonal y haciéndo pensar a los transeuntes que en cualquier momento va a desgajarse de los demás edificios cayendo sobre la polvorienta calle.

Su interior es aún más enigmático que el exterior. Desde fuera parece un sitio oscuro pero con una agradable cualidad luminosa que invita a entrar. Dentro descubrimos un espacio luminoso pero en el que ciertos rincones se mantienen en penumbra, como si no quisieran ser descubiertos por ojos indiscretos. Un desgastado mostrador divide la tienda de la trastienda, en la que se apilan en estantes cientos de frascos y cajas de todas las formas, tamaños y colores imaginables. Pero lo que más llama la atención a los clientes que entran por primera vez es que el fondo de la tienda parece no tener fin.

Si algo puede desconcertar aún más es la escalera de caracol que termina en el techo, sin haber ningúna oquedad que la conecte con el piso superior y, para terminar de deconstruir la sesera del visitante, la forma de moverse de Hemjel por ella. Viéndole moverse entre los estantes daría la sensación de que sus movimientos se aceleran y frenan de forma irregular según viaja al interior de la tienda a recoger los productos a dispensar, como si algún encantamiento concerniente al espacio o al tiempo (o quizá ambos, quien sabe) afectase el interior.

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