El desafío de los 30 días – día 4

Reto 30 dias

Pregunta 4: En todo mundo de fantasía medieval existen grandes dioses, gigantescos poderes que enfrentan a sus seguidores, unos contra otros, que los envían a grandes gestas, los utilizan en sus maquinaciones, y los empujan a guerras con y sin sentido. Todos han oído hablar de esas grandes entidades. Los Valar del Señor de los Anillos. Los desaparecidos y retornados dioses de la Dragonlance. Los poderes del Caos de Elric. E incluso en la historia antigua tenemos a los dioses romanos, griegos, persas, aztecas, etc, etc. Pero no vamos a acordarnos de ellos. Hoy es día para acordarse de esos dioses menores, esos pequeños poderes, tan extraños como desconocidos, cuyas aspiraciones son tan ignotas como son sus avatares. Elige o inventa a uno de esos dioses y descríbelo.

Frente a la creencia de muchas personas los dioses menores existen. No es solo que existen, sino que están presentes e intentan hacerse notar, normalmente sin mucho éxito, para conseguir más adoradores y así ganar fuerza.

Uno de esos dioses es el dios de las cosas pequeñas. ¿Cómo dices?, ¿qué no lo conoces? Permíteme que te lo presente. El dios de las cosas pequeñas es ese que reside en todos esos pequeños utensilios que andan por casa, desde unos utensilios de cocina hasta herramientas de carpintería, pasando por cuchillos, buriles, rodillos, sierras o cucharas. Cualquiera de estos objetos puede reflejar a este extrabagante dios y sus inescrutables caminos.

Se trata de un dios burlón, que se divierte moviendo objetos de lugar o escondiéndolos para divertirse viendo como la gente intenta recordar donde los había dejado y frustrándose por no encontrarlos. Es precisamente esta forma de actuar lo que lleva a hacer pensar a los pocos que conocen la existencia de este dios que en realidad se trata de algún pequeño duende travieso que por alguna extraña razón consiguió ascender al nivel de un dios menor. Sus escasos adoradores le rinden culto no dejando nunca dos veces las cosas en un mismo lugar, llegando literalmente a ser imposible saber donde las han dejado y poniendo un pequeño altar lleno de objetos cotidianos en algún lugar común de trabajo, como una cocina o un taller.

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